El origen de Villardiegua de la Ribera se remonta a tiempos prerromanos. Los pueblos vetones ya habitaban este territorio junto al Duero, gracias a la protección natural que les ofrecían los cañones del río y las elevaciones graníticas de los Arribes.

Con la llegada de Roma, el territorio vivió un importante proceso de romanización. De aquella época proceden numerosas lápidas, estelas funerarias e inscripciones que todavía hoy aparecen integradas en muros y fachadas del pueblo, configurando un pequeño museo con cada paso.

Durante siglos, la cercanía con Portugal marcó la vida del pueblo y favoreció relaciones comerciales, culturales y humanas que todavía forman parte de su identidad. Al mismo tiempo, el paisaje de los Arribes condicionó la arquitectura tradicional, los caminos, los molinos, los pozos, los puentes y su particular construcción en piedra seca que aún hoy definen el carácter de Villardiegua.